jueves, 8 de noviembre de 2012

Lee el siguiente artículo...te crees capaz de hacerlo!!!

Discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford


CEO de Apple Inc. y Pixar Animation

Gracias...

Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestro comienzo

en una de las mejores universidades del mundo. La verdad sea dicha,

yo nunca me gradué.

A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una

graduación universitaria.

Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo

tres historias.

La primera historia versa sobre "conectar los puntos".


Dejé la Universidad de Reed tras los seis primeros meses, pero

después seguí vagando por allí otros 18 meses, más o menos, antes

de dejarlo del todo. Entonces, ¿por qué lo dejé?

Comenzó antes de que yo naciera.

Mi madre biológica era una estudiante joven y soltera, y decidió

darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran

tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se

preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su

mujer.

Solo que cuando yo nací decidieron en el último momento que lo que

de verdad querían era una niña.

Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una

llamada a medianoche preguntando:

“Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?”

“Por supuesto”, dijeron ellos.

Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación

universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el

bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción.

Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que

algún día yo iría a la universidad.

Y 17 años más tarde fui a la universidad. Pero de forma descuidada

elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos

los ahorros de mis padres, de clase trabajadora, los estaba gastando

en mi matrícula.

Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de

qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad

me iba a ayudar a averiguarlo.

Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían

conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en

que las cosas saldrían bien.

En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las

mejores decisiones que nunca haya tomado.

En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias

que no me interesaban y comencé a meterme en las que parecían

interesantes. No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el

suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca

Cola por los 5 céntimos del envase para conseguir dinero para comer,

y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer

bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna.

Me encantaba.

Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e

intuición resultaron no tener precio más adelante.

Os daré un ejemplo.

En aquella época la Universidad de Reed ofrecía la que quizá fuese la

mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus,

todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban

bellamente caligrafiadas a mano.

Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí

atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía.

Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los

espacios variables entre letras, sobre qué hace realmente grande a

una gran tipografía.

Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la

ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante. Nada de esto

tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida.

Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer

ordenador Macintosh, todo eso volvió a mí.

Y diseñamos el Mac con eso en su esencia. Fue el primer ordenador

con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél

curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido

múltiples tipografías, ni caracteres con espaciado proporcional. Y

como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que

ningún ordenador personal los tuviera ahora. Si nunca hubiera

decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía y los

ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que

poseen.

Por supuesto, era imposible conectar los puntos mirando hacia el

futuro cuando estaba en clase, pero fue muy, muy claro al mirar

atrás diez años más tarde.

Lo diré otra vez: no puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo

puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los

puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en

algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea.

Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la

diferencia en mi vida.

Mi segunda historia es sobre "el amor y la pérdida".


Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba

hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando

tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser

sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de

dólares y 4.000 empleados.

Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación —

el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30.

Y me despidieron.

¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado?

Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy

capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer

año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra

perspectiva del futuro comenzó a ser distinta y finalmente nos

apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva

se puso de su parte.

Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria.

Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido y fue

devastador.

Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que

había dado de lado a la anterior generación de emprendedores, que

había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me

reuní con David Packard [de HP] y Bob Noyce [Intel], e intenté

disculparme por haberlo fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio,

e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley].

Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía.

El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso

ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así

que decidí comenzar de nuevo.

No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de

Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado.

Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un

principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno

de los periodos más creativos de mi vida. Durante los siguientes cinco

años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me

enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi

esposa.

Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador,

Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del

mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró

NeXT, yo regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT

es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo

tenemos una maravillosa familia.

Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me

hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero

supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la

cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la

única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía.

Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para

vuestro trabajo como para vuestros amantes.

El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de

estar realmente satisfecho es hacer lo que consideréis un trabajo

genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que

hagáis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando.

No os conforméis.

Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando

lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las

cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid

buscando hasta que lo encontréis.

No os conforméis.

Mi tercera historia es sobre "la muerte".


Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives

cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó,

y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he

mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día

de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta

era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba

cambiar algo.

Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante

que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones

de mi vida.

Porque prácticamente todo, las expectativas de los demás, el orgullo,

el miedo al ridículo o al fracaso se desvanece frente a la muerte,

dejando sólo lo que es verdaderamente importante.

Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la

trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No

hay razón para no seguir tu corazón.

Hace casi un año me diagnosticaron cáncer.

Me hicieron un chequeo a las 7:30 de la mañana, y mostraba

claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el

páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un

tipo de cáncer incurable y que mi esperanza de vida sería de tres a

seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara

zanjados mis asuntos, forma médica de decir: prepárate a morir.

Significa intentar decirle a tus hijos en unos pocos meses lo que ibas

a decirles en diez años. Significa asegurarte de que todo queda atado

y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia.

Significa decir adiós.

Viví todo un día con ese diagnóstico.

Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia,

metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y

el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener

algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que

estaba allí, me dijo que cuando vio las células al microscopio el

médico comenzó a llorar porque resultó ser una forma muy rara de

cáncer pancreático que se puede curar con cirugía.

Me operaron, y ahora estoy bien. Esto es lo más cerca que he estado

de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante

algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir

esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero

puramente intelectual:

Nadie quiere morir.

Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí.

Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie

ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es

posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de

la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo.

Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado

tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis

apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto. Vuestro

tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro.

No os dejéis atrapar por el dogma que es vivir según los resultados

del pensamiento de otros.

No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra

propia voz interior.

Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y

vuestra intuición.

De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser.

Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The

Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias

de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de

aquí, en Menlo Park y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los

últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la

autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y

cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años

de que llegara Google, era idealista, y rebosaba de herramientas

claras y grandes conceptos. Stewart y su equipo sacaron varios

números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento,

sacaron un último número.

Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad.

En la contraportada de su último número había una fotografía de una

carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de

carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si sois

aventureros. Bajo ella estaban las palabras:

“Sigue hambriento. Sigue alocado”.


Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue

alocado.

Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para

comenzar de nuevo, os deseo eso a vosotros.

Seguid hambrientos. Seguid alocados.

Muchísimas gracias a todos.

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